Consejos
En las últimas décadas, el mercado de los complementos de peletería ha visto la aparición de numerosas alternativas sintéticas que imitan el aspecto del pelo natural. Para el consumidor, distinguir entre ambas puede ser difícil. Para quienes valoran la calidad artesanal, la diferencia es fundamental.
Hay varias formas de distinguir el pelo natural del sintético. La más sencilla es el tacto: el pelo natural tiene una suavidad y una temperatura características que los sintéticos no replican completamente. El pelo natural se calienta al contacto con la mano; muchos sintéticos tienen una textura ligeramente plastificada.
La prueba del fuego (quemar un pelo suelto con un mechero) también revela la diferencia: el pelo natural huele a queratina quemada (similar al pelo humano) y la ceniza se deshace; el sintético huele a plástico y deja una bola dura.
La diferencia más importante entre pelo natural y sintético no es estética sino de durabilidad. El pelo natural, con los cuidados adecuados, mantiene sus propiedades durante décadas. Los pelos sintéticos se degradan en pocos años: pierden brillo, se apelmazan, desarrollan electricidad estática.
Una estola sintética comprada como alternativa económica a una artesanal suele necesitar reemplazarse en dos o tres temporadas. Una estola artesanal de calidad puede durar toda una vida. En términos de coste total a lo largo del tiempo, la diferencia económica es mucho menor de lo que parece.
Paradójicamente, los pelos sintéticos no son necesariamente más sostenibles que los naturales. Fabricados a partir de petroquímicos, no son biodegradables y liberan microfibras plásticas. El pelo natural, siendo un material orgánico, es biodegradable al final de su vida útil. La sostenibilidad real está en la durabilidad, no en el origen del material.
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